
"Entré corriendo cargada con un bolso en donde llevaba mis más preciados tesoros, fui hacia el lugar donde él acostumbra a trabajar y después de prender la luz comencé mi exhaustiva búsqueda, mi corazón sentía que lo tenía, que él lo había escondido por allí en algún lugar de esa habitación. Busque mucho rato y no encontré nada, igual mi espíritu optimista y soñador siempre deja abierta una ventanita a la esperanza.
Decidí ir y preguntarle yo misma la verdad.
Busqué un peine, pues es más manso cuando lo peino, me acerqué mostrándoselo y poniendo cara de picarona, me hizo una señal afirmativa con la cabeza y me trepé a la silla. Mientras ejercía mis dotes de peinadora le pregunté: Papá, me compraste el jueguito de doctor que me ibas a comprar si me portaba bien en las vacaciones?
- No pude gordi, además yo no te prometí nada, te dije que capaz te lo compraba- me contestó.
- Bueno pá no pasa nada- dije "
La que arriba relaté, creo ha sido la única desilusión con la que mi padre me ha hecho cargar en ésta vida y no se porque vino hoy a mis recuerdos cuando me decidí a escribir. Más bien sí sé porque; mi viejo ha laburado y laburado toda su vida, y si hay algo que reconozco, agradezco y valoro, es que mi madre a pesar de las ausencias continuas de mi padre a lugares comunes en donde van los padres con los hijos, supo llenar todos esos espacios, y supo llegar a mi corazón de niña enseñándome paso a paso todas las virtudes de ese hombre que me dio la vida.
Fui siempre su niña mimada, a su manera, con sus carencias, las de alguien que no recibió amor y por lo tanto a pesar de llevar tanto dentro, no sabe expresarlo. Fui sus ojitos lindos, su sonrisa a medias, sus palabras siempre exactas. Soy su mano derecha, su izquierda y parte de su cabeza, soy la mujer con la que habla, rezonga, grita y de la que siempre espera abrazos.
Soy su confidente, la dueña de sus secretos, la que pone en marcha sus ideas locas.
El, él es un todo encerrado en mundo.
Es con quien más me enojo y a quien más perdono, es mi refugio inmediato a los problemas graves, es la palabra justa y la mano extendida. Es el que me enseño a ser, a no caer, a seguir adelante siempre.
Hubo momentos en los que no entendí sus decisiones, sus juicios, sus formas de verme, o de no hacerlo, fueron años de tristeza. Ahora lo veo claro, mi viejo me quería curtir, me hizo fuerte, para luchar contra todo, me puso la armadura y me protegió el corazón.
Hablar de vos viejo me emociona, me eriza, me hechiza.
Que me hablen tuyo, siempre es un orgullo, sos pasión de multitudes, se me hincha el pecho te lo juro.
Gracias pá, sos mi todo.
Feliz Día Papá

