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domingo, 12 de julio de 2009

A mi viejo



"Entré corriendo cargada con un bolso en donde llevaba mis más preciados tesoros, fui hacia el lugar donde él acostumbra a trabajar y después de prender la luz comencé mi exhaustiva búsqueda, mi corazón sentía que lo tenía, que él lo había escondido por allí en algún lugar de esa habitación. Busque mucho rato y no encontré nada, igual mi espíritu optimista y soñador siempre deja abierta una ventanita a la esperanza.
Decidí ir y preguntarle yo misma la verdad.
Busqué un peine, pues es más manso cuando lo peino, me acerqué mostrándoselo y poniendo cara de picarona, me hizo una señal afirmativa con la cabeza y me trepé a la silla. Mientras ejercía mis dotes de peinadora le pregunté: Papá, me compraste el jueguito de doctor que me ibas a comprar si me portaba bien en las vacaciones?
- No pude gordi, además yo no te prometí nada, te dije que capaz te lo compraba- me contestó.
- Bueno pá no pasa nada- dije "

La que arriba relaté, creo ha sido la única desilusión con la que mi padre me ha hecho cargar en ésta vida y no se porque vino hoy a mis recuerdos cuando me decidí a escribir. Más bien sí sé porque; mi viejo ha laburado y laburado toda su vida, y si hay algo que reconozco, agradezco y valoro, es que mi madre a pesar de las ausencias continuas de mi padre a lugares comunes en donde van los padres con los hijos, supo llenar todos esos espacios, y supo llegar a mi corazón de niña enseñándome paso a paso todas las virtudes de ese hombre que me dio la vida.
Fui siempre su niña mimada, a su manera, con sus carencias, las de alguien que no recibió amor y por lo tanto a pesar de llevar tanto dentro, no sabe expresarlo. Fui sus ojitos lindos, su sonrisa a medias, sus palabras siempre exactas. Soy su mano derecha, su izquierda y parte de su cabeza, soy la mujer con la que habla, rezonga, grita y de la que siempre espera abrazos.
Soy su confidente, la dueña de sus secretos, la que pone en marcha sus ideas locas.
El, él es un todo encerrado en mundo.
Es con quien más me enojo y a quien más perdono, es mi refugio inmediato a los problemas graves, es la palabra justa y la mano extendida. Es el que me enseño a ser, a no caer, a seguir adelante siempre.
Hubo momentos en los que no entendí sus decisiones, sus juicios, sus formas de verme, o de no hacerlo, fueron años de tristeza. Ahora lo veo claro, mi viejo me quería curtir, me hizo fuerte, para luchar contra todo, me puso la armadura y me protegió el corazón.
Hablar de vos viejo me emociona, me eriza, me hechiza.
Que me hablen tuyo, siempre es un orgullo, sos pasión de multitudes, se me hincha el pecho te lo juro.
Gracias pá, sos mi todo.

Feliz Día Papá

martes, 7 de julio de 2009

Lunes gris



Comenzó con una mañana gris y lluviosa, fue uno de esos días en los que uno desearía no tener que salir de casa, detener por un momento la rutina diaria de trabajo, encender el fuego y dedicarse a la nada misma.
Salí al mediodía de casa, Gaby estaba con fiebre, el domingo se quedo a dormir en lo de los abuelos y allí llegué con unos medicamentos para bajarla, y llamar a la emergencia, no se sabe ya que es o no gripe A.
Mientras estaba con mi madre y el médico de emergencia, sonaba el teléfono continuamente, mi vieja no lo atendía, lo dejaba sonar.

Después de dejar a Gaby con los medicamentos y bajo el cuidado de las mejores manos -las de su abuela- me fui para Montevideo, debía hacer unos recados y volvía para irme a trabajar.
A mitad de camino me llama mi madre, y me cuenta que el insistente llamado telefónico era de mi cuñada, la esposa de mi medio hermano Roberto, para decirle que éste había tenido un accidente y parece que estaba grave. Di la vuelta, le dije a mi madre que esperara a que llegara mi viejo para decirle, pues estaba al llegar del trabajo, conducía pensando en que iba a llevar a mi viejo al sanatorio, y haciendo mil llamadas, a ver que podía averigüar.

Cuando llegue nuevamente, mi madre me dijo que ya habían averigüado y no estaba grave, tenía varias fracturas, pero no corría peligro. Volví a salir hacia la capital. Y quedé en pasar a buscar a mi viejo a la tarde, para ir a Montevideo a ver a Roberto.
Llegamos a las 18hs, mi madre me había dicho por tel. que la esposa la había vuelto a llamar y le dijo que estaba grave, a los cinco minutos de estar allí vino una Jefa de enfermeras , sentó a mi padre, y a mi cuñada, y les comunicó que nada habían podido hacer. Falleció -dijo.

Mi hermano Roberto había llegado hace unos años nuevamente a la vida de mi padre. Cuando ellos eran pequeños, (tengo dos medio-hermanos) su madre aún casada con mi viejo, se volvió un tanto paranoica, y con una enfermedad mental con la que convive aún hoy. La ex-suegra de mi padre, acostumbrada a controlar situaciones, quiso hacerse cargo, y se llevó a su hija y nietos, los separó del lado de mi viejo, que en esa época nada más sabía hacer más que ir a golpear la puerta de la casa de sus suegros y preguntar por sus hijos - Sus hijos no lo quieren - eran las palabras que siempre respondía su suegra.

Un día mi padre no fue más, sé que es un error, creo que el único que ha cometido en su vida. Claro que se siguió haciendo cargo de sus hijos, aún cuando éstos ya eran mayores y sabía que solo ayudaba a sus ex-suegros,y ex-esposa, pero la mano abierta y tendida hacia el prójimo es lo que hace de él un ser admirable.

Roberto quizás al ser el mayor, siempre tuvo recelos de recomponer la relación, recuerdo que su novia en aquel entonces -ahora su esposa- nos invitó al casamiento, yo tenía 10 u 11 años y fue todo un acontecimiento ver a mis medios hermanos mayores, de los que siempre supe su existencia.

Pasaron unos cuantos años más, pero los rencores no caían. Recién con la llegada de mis sobrinas, el acercamiento fue un tanto más, luego la crisis hizo que viniera a hablar con mi viejo para ver si lo podía ayudar a conseguir trabajo, eso habrá sido hace unos 7 años, se acercaron, mi viejo le tendió la mano y comenzó a reencontrarse con su hijo.

Roberto no quería más hermanos, solo un padre, y recuerdo haber estado a su lado solo en tres ocasiones en mi vida, en su casamiento (para la foto), en el cumpleaños de una de sus hijas hace muchísimos años donde llegué con Gaby (de 2 años)y me fui un tanto angustiada pues ni siquiera se digno a hablarme, hace dos años en el cumpleaños 90 de mi abuela paterna conversé más adultamente con él pero solo palabras de cortesía.

Ayer cuando lo volví a ver ya no abría los ojos.
Sostuve a mi viejo mientras ponía la mano sobre la frente de su hijo mayor, tratando de juntar toda la fé del mundo para hacer que volviera a la vida.
Lloré y lloro por ese hermano que la vida no me dejó conocer.
Por mi viejo a quien no sé como hacerle entender que esto no es un castigo para él.
- Es un castigo - me dijo
- No te pueden castigar a vos papá, vos que hacés el bien para todos siempre, no es tu castigo, no mereces ningún castigo- le dije
- Estaba empezando a unir denuevo a toda la familia - me decía - y ahora?

Roberto bailó hace un mes y medio el vals con su hija de 15 años, un cumpleños criollo de asado y jeans. Su abuelo también bailó con la nieta mayor.

Ayer vi a mi padre llorar por primera vez.
Sostuve mis manos siempre en sus hombros, tratando de robarle tristezas.
Porqué? me pregunto constantemente.
Como?, como hago para sostener a mi viejo, para que no sienta que es merecedor de éste dolor?.

La vida no le dio tiempo a Roberto para conocer a nuestro padre, no le dió tiempo para sentir su gran corazón, su gran amor hacia toda su familia, su lucha interna y diaria por reparar errores pasados.

Hoy también amaneció gris, va a ser un día largo lleno de lágrimas y dolor.
Solo pido fortaleza.
No decaigas viejo, aún hay mucho por hacer.