
Los otros días leía un post en http://medecianlaloca.blogspot.com/ (perdón pero no se enlazar de otra manera) , Luz la dueña del blog, escribía sobre el egoísmo de su padre, de como la había lastimado... Creo que todos sufrimos un poco de egoísmo, de diferente tipo claro, yo por ejemplo me considero egoísta en algunas cosas:
- No quiero prestar mis libros, y cuando lo hago es a personas que sé no se los vana a quedar.
- No me gusta prestar mis cosas.
- Y no me gusta que interfieran en el tiempo que tengo para dedicarme a mi (nadie)(poco)(nunca)
Ahora, el egoísmo de un padre hacia un hijo es inconcebible. Le comente a Luz en el post, que me pasaba a menudo ver el egoísmo de padre a hijos con mi marido... en pequeñas cosas... boludeces que me hartan. Ej.: Una vez cuando aún no convivíamos fuimos con los tres chicos (dos de él y uno mío) a un hipermercado, estuvimos por ahí, comimos algo y luego llevó a los chicos hasta un parque que hay a una cuadra, los dejó allí y volvió.
Me dijo: Ahora sí vamos a tomarnos un helado ! - Lo putee todo...
En realidad cuento todo ésto porque ayer terminé una novela autobiográfica llamada "El Castillo de Cristal" de Jeannette Walls.
Quizás si no fuera una biografía sería una novelita más... Las crueldades y las miserias que esos padres quieren hacer creer a sus hijos son opciones de vida, no tienen nombre. Recomendable para valorar todo lo que nuestros viejos hicieron por nosotros.
Siempre discuto con una compañera de oficina, ella dice que hay gente que es así o asa porque no tuvo quien los guíe (léase padres coherentes), yo nunca voy a aceptar ése pensamiento, creo que todos somos capaces de discernir entre lo bueno y lo malo, lo mejor y lo peor, y tomar siempre el camino que nos parezca más correcto. Claro, la comodidad está a la vuelta de la esquina.
Tengo el mejor ejemplo del mundo: mi viejo.
Se crió solo, es el tercero de 10 hermanos, mi abuela tuvo varias herencias que mi abuelo se gastó en caballos y whisky, mi viejo trabaja desde los 5 años (imagínense los que tienen hijos a los mismos haciéndolo). Hoy con 67 años, sigue aún trabajando (no lo podemos parar), es un hombre exitoso, no solo en su rol de empresario, sino como persona.
No creo en la suerte, él no la tuvo, si tuvo el sentido común para saber que lo que vivió en su infancia, el egoísmo de un padre jugador que solo traía hambre a su hogar, y el de una madre que solo vivía pariendo y no ejercía como tal, no es lo que quería para sus hijos.
