jueves, 23 de abril de 2009

Algo de mí (II)



La buena de la tía me invito a cenar, a esas alturas yo ya no sabía como escapar de allí, quería irme claro, pero tampoco quería quedarme a solas con él. Si estaba con su tía nada podía sucederme, por lo que accedí a la invitación y me quedé a cenar.
Luego de cenar (para eso ya eran más de las 23 hs, no se) no recuerdo que sucedió, sé que el último ómnibus que tenía desde esa zona para mi casa ya había pasado. O sea que la única posibilidad era irme en taxi. Por suerte la tía sacó el tema y me dijo,- ahora tenés que tomarte un taxi Cristina, si querés te llamo uno por TEL-. Él no dejo que terminara de hablar y le dijo que íbamos a ir a unas dos cuadras de allí, a una parada de taxis y me lo iba a tomar en ese lugar.
Mi cara se transformó, no quería de nuevo estar a solas con él, pero tuve que acceder, le tenía tanto miedo, mi hijo ya no estaba en mi vientre, no podía defenderlo con mi cuerpo, tenía miedo que toda la locura que tenía su padre le hiciera daño.
Salimos a la calle, hacía un poco de frío pero no tanto, Gaby iba en mis brazos envuelto en una manta, la paz que me transmitía su cuerpo, su olor, tocarlo, esa paz es hoy mi consuelo, por esa paz volvería a vivir lo pasado.
Caminamos hacia la parada, yo rezaba porque nada retrasara mi viaje de vuelta ya más de 12 horas después, a mi hogar, imaginaba como estarían mis viejos (en esa época no había celulares), no sabían nada de mí más que mi promesa de regresar a eso de las tres de la tarde, todo eso rondaba mi cabeza cuando casi casi a unos metros de llegar a la parada de taxis, me pidió que me quedara un rato a conversar para arreglar las cosas. Me recosté a un muro, apoyé el bolso y la mochila en el piso y lo miré resignada esperando que comenzara a repetir lo mismo de siempre.
Lo que hablamos no sé, yo le seguía la corriente, y trataba de que me entendiera, de que supiera que no quería saber nada de él, que ya no lo quería, todo con sumas sutilezas.
De pronto tomo al bebé entre sus brazos, y le hacía mimos, todo eso me hacia llorar desconsoladamente, lo miraba a él y a nuestro hijo, pensaba en todo lo que me había ocurrido en el último año, en la familia feliz que siempre había soñado, en como había fracasado, en como me había metido en esa historia, en donde estaba ahora. Ya no era solo yo, la vida de mi hijo también era la mía.
Lo acurrucaba y le daba besitos, entonces le abrió la mantita y me preguntó:

- De donde sacaste la ropa que tiene puesta?
- Ese conjuntito se lo regaló una pareja amiga de mis viejos- dije tratando de que sonara normal.
- No me gusta – ya estaba furioso
- Quienes son esos amigos?
- Unos que viven cerca de la casa de afuera, siempre salen a caminar juntos- dije
- No quiero que use esto!- grito

Y comenzó a arrancarle la ropa, me dijo que lo iba a cambiar y que le iba a poner el otro conjunto que estaba en el bolso. Traté de detenerlo, pero todo lo que hiciera era en vano, le dije que no podía desvestir a un bebé de tres meses en medio de la noche en la calle, que se iba a enfermar, pero el estaba ciego de furia. (Según él, como él había sido un niño pobre, nuestro hijo no podía usar ropa nueva, por suerte mis primas me habían dado ropa de sus hijos, si lo vestía con ropa usada el padre estaba conforme)
Cuando terminó de desvestirlo y le puso otra ropa que había en el bolso, me pasó al bebé. Tomo con una mano el conjuntito y sosteniéndolo como si largara olor (con la punta de los dedos) lo estiro en el aire, saco de su bolsillo un encendedor y comenzó a prenderlo fuego. Yo lloraba, no sabía que más iba a pasar.
Después me dijo que me iba a parar un taxi, respiré aliviada esperando el final. Nos acercamos al cordón de la vereda y el bebé lloraba, le pedí que sacara el chupete del bolso, y él me lo pasó, ya habían pasado varios taxis libres pero me prohibía que los parara. Parado al borde de la calle comenzó a sacar las cosas del bolso, las examinaba, me las mostraba y me decía esto lo tenés que tirar y lo tiraba, tiro pañales, tiro mediecitas, saco el tarrito de toallitas de lanolina y las tiro una por una, me dijo que a el no le limpiaban el culo con eso, que era cosa de ricos, decía que yo era rica, pero que su hijo no iba a limpiarse el culo con cosa de ricos.
Yo no era rica, ni nada parecido, tenía 19 años, trabajaba desde los 15 o 16 en un supermercado (sigo trabajando allí), estudiaba para ser ayudante de arquitecto, mi padre era comerciante, mi madre era profesora, vivíamos bien, pero estábamos muy lejos de ser ricos. Una cosa es tener dinero porque uno se lo gana, y otra muy distinta es ser rico.
Para él, la diferencia era enorme, él no trabajaba, por lo tanto no tenía dinero para nada, eso le hacía rabiar contra mí y mi supuesta “riqueza”.


Vino un hombre que estaba en la parada de taxis, se acerco a nosotros y le dijo- Flaco, parála, te estás pasando, hace rato que te estás pasando.
No te metas- le dijo
Me tomó del brazo y empezó a caminar, me apretaba fuerte y me decía: Camina, camina, camina…- seguía repitiéndolo. Yo caminaba.


- Sabés cuantas veces caminé desde acá hasta tu casa porque no tenía un peso para el boleto?- me preguntó lleno de resentimientos.
- Caminaba porque tenía que verte, pararme frente a tu casa y ver que hacías, nunca salías, o andás con alguien? –decía
- Y también volvía caminando- terminaba.
- Ahora vas a saber lo que es caminar más de doscientas cuadras, ahora lo vas a saber, vamos a ir caminando hasta tu casa- sentencio.

PD1 Sé porque yo misma me lo preguntaba antes de tener ésta experiencia, que muchos se preguntarán porque las mujeres aguantan eso, porque no gritaba, porque no iba y me aferraba a ese hombre que decidió intervenir, porque no hacía algo. No tenía fuerzas, lo único que me rodeaba era el miedo. Las experiencias espantosas que viví junto a éste individuo son muchísimas, sin embargo seguía parada, manteniendo el equilibrio, pero parada al fin. La violencia constante, las amenazas eternas, los golpes, las torturas sicológicas, eso te hace pedazos, te recorta en pedacitos, se lleva tu mente, se lleva tu alma, te despoja de razón, no te queda autoestima alguna , pensas que realmente sos culpable, te va dejando en la nada. Nada haces y niegas todo. Pero yo ya había dado un gran paso, lo había dejado, había abandonado nuestro hogar. Ahora necesitaba saber como hacer para que esa noche se terminara.

PD2 Voy a seguir contando mi historia, pues cuando me puse a escribir no pude parar, escribí y escribí hasta llegar al final. Durante el proceso no se me cayó ni una lágrima, me dí cuenta de que hace tiempo debería haberme sentado a hacerlo y que cada vez soy más fuerte. Sepan disculparme por ello, pero ésta es mi historia.

7 comentarios:

Palas dijo...

wow, leyendote no se que decir, solo esperar fortaleza, mas fortaleza de la que ya tienes... ha sido duro lo bueno es que en momento de tu vida decidiste salir adelante mas que seguir con eso.

Saludos!

Solo *AnDy* dijo...

Lo que màs me gustò de este post fuè que cada vez soy más fuerte Porque pudiste salir y dejar de ser una mujer golpeada. Aunque lea, escuche, y mire el la tele sobre mujeres golpeadas sigo sin poder creerlo, pensar que esos hijos de puta vienen justamente de una mujer.
Te sigo.
Besitos.

Cristal de uma mulher dijo...

Siempre segue adiante con tu fuerza de mujer...porque la mujer es la la fuerza...bejitos...Rachel

Anónimo dijo...

Una historia fuerte, pero tu fortaleza es digna de admiración.


BESOTES

Anónimo dijo...

Te abrazo.

Te entiendo.

EL primer paso para sanar la violencia es contar lo que pasa o lo que pasó.

Beso cariñoso lleno de comprensión.

Cris dijo...

Palas: Siempre nos damos la cabeza contra la pared, lo mejor de todo es que los seres humanos tenemos una capacidad espectacular de levantarnos y seguir.

Andy: Si son unos hdp, y por más que detrás de ellos o junto a ellos hay todo un pasado tortuoso, para mí no hay justificación psicológica que valga ni un solo golpe.

Rachel: Así es, las mujeres somos muy fuertes.

Stanely: gracias...

Gemma: recibo todos los abrazos, pero lo reconfortante es que te entiendan.

Besos a todos

Paula dijo...

Estoy Cris!!
Te mando un abrazo enorme.
Paso a la tercera parte.