
Vamos por partes, quiero agradecer a todos los que se acordaron de mi blog y me pasaron premios que me hicieron sonreír varias veces, algunos porque vienen de personas que estoy conociendo y me encanta, y otros porque vinieron de personas que ni siquiera sabía que me leían, a todos ellos muchísimas gracias !!!
Hoy no estoy muy inspirada para escribir sobre lo que me sucede a diario, las cosas con mi media naranja siempre siguen igual, volvió del viaje, hablamos, llore mucho, le dije que me quería separar.... y bueno después nos reconciliamos lentamente, eso no me tiene muy bien, pues sé que siempre pasa lo mismo y que si el no cambia mi amor va a seguir disminuyendo.
Después de la operación había dejado de fumar, pero estoy haciéndolo de nuevo, mi problema es que tengo como hábito hace muchísimos años fumar en la noche mientras leo (en el baño), primero porque mi hijo no tiene la culpa d que yo fume, y después porque a mi marido no le gustaba que fumara en la casa (a mi tampoco me gusta que haya olor a cigarro), entonces comencé a fumar en el baño todas las noches con un libro (soy lectora empedernida), el problema es que cuando deje de fumar, deje de leer y es una de mis pasiones, pero voy a dejar de nuevo pues no me es tan difícil, tendré que acostumbrarme a otras cosas y ser más dura conmigo misma.
Quiero compartir con ustedes uno de mis cuentos cortos, y escucho críticas
Zafiro – La Ciudad sin Rostros
Al entrar en ciudad Zafiro, las calles silenciosas y vacías hacen que los visitantes sientan escalofríos que recorren todo su cuerpo, que la piel se vea más pálida y comience a mancharse sutilmente con lunares que escapan de la soledad de sus verdaderos dueños.
En Zafiro las calles no existen, solo aceras pisadas por repartidores, empleados postales, o algún curioso que no duda por allí pasar.
Las casa de Zafiro son idénticas entre sí de color gris y ventanas azules, es irónico que las tengan, nunca son abiertas ni ven la luz del sol. Están diferenciadas por un número y deben distinguirse en su exterior el sexo de su habitante. Las casas de Zafiro son cubículos solitarios, donde todas las piezas forman un cuadrado, uno grande de dormitorio, uno pequeño de recibidor, y así sucesivamente con los demás espacios del hogar.
Las puertas tienen todas un “pasapuertas” término tradicional desde los comienzos de la ciudad, que define una especie de pequeño túnel por el que el repartidor introduce los pedidos que le fueron encargados.
Zafiro es una ciudad sin ruidos y con misterios indescifrables.
Las personas que recorren sus aceras cumpliendo sus trabajos, eligen las noches para hacerlo, no quieren verse obligados a hablar o ser vistos por algún curioso o perdido visitante al que deban negar cada pregunta que se les realice.
Es que en Zafiro no hay hoteles.
Zafiro es una ciudad son belleza, una ciudad sin rostros, allí llegan cada año centenares de feos que escapan de la crueldad humana, feos abandonados, feos desquiciados,
feos desechados por la tecnología. Feos sin remedio buscando el exilio, o un lugar en el mundo.
Las tardes de Zafiro iluminan los apagados ojos de los ciudadanos cuando al caer la noche se comunican entre ellos mediante un curioso aparato similar al telégrafo que solo allí existe.
Algunos en Zafiro ni siquiera permiten que sea escuchada su voz y practican caligrafía, para que sus cartas sean bellas.
Los solitarios tecleos que avistan esperanzas en los corazones de cada individuo, el sentir renovado de cada tarde al caer el sol. La compañía también puede transformarse en ilusión.
En la casa 12 F, vive una dama, que hace años cada noche ante su dios promete vencer el miedo, armarse de valor, salir, ir a buscar a su vecino del 6 M para declararle su amor.
Zafiro es la ciudad que en su interior resguarda los máximos portadores de sueños que hayan existido nunca jamás.
Al entrar en ciudad Zafiro, las calles silenciosas y vacías hacen que los visitantes sientan escalofríos que recorren todo su cuerpo, que la piel se vea más pálida y comience a mancharse sutilmente con lunares que escapan de la soledad de sus verdaderos dueños.
En Zafiro las calles no existen, solo aceras pisadas por repartidores, empleados postales, o algún curioso que no duda por allí pasar.
Las casa de Zafiro son idénticas entre sí de color gris y ventanas azules, es irónico que las tengan, nunca son abiertas ni ven la luz del sol. Están diferenciadas por un número y deben distinguirse en su exterior el sexo de su habitante. Las casas de Zafiro son cubículos solitarios, donde todas las piezas forman un cuadrado, uno grande de dormitorio, uno pequeño de recibidor, y así sucesivamente con los demás espacios del hogar.
Las puertas tienen todas un “pasapuertas” término tradicional desde los comienzos de la ciudad, que define una especie de pequeño túnel por el que el repartidor introduce los pedidos que le fueron encargados.
Zafiro es una ciudad sin ruidos y con misterios indescifrables.
Las personas que recorren sus aceras cumpliendo sus trabajos, eligen las noches para hacerlo, no quieren verse obligados a hablar o ser vistos por algún curioso o perdido visitante al que deban negar cada pregunta que se les realice.
Es que en Zafiro no hay hoteles.
Zafiro es una ciudad son belleza, una ciudad sin rostros, allí llegan cada año centenares de feos que escapan de la crueldad humana, feos abandonados, feos desquiciados,
feos desechados por la tecnología. Feos sin remedio buscando el exilio, o un lugar en el mundo.
Las tardes de Zafiro iluminan los apagados ojos de los ciudadanos cuando al caer la noche se comunican entre ellos mediante un curioso aparato similar al telégrafo que solo allí existe.
Algunos en Zafiro ni siquiera permiten que sea escuchada su voz y practican caligrafía, para que sus cartas sean bellas.
Los solitarios tecleos que avistan esperanzas en los corazones de cada individuo, el sentir renovado de cada tarde al caer el sol. La compañía también puede transformarse en ilusión.
En la casa 12 F, vive una dama, que hace años cada noche ante su dios promete vencer el miedo, armarse de valor, salir, ir a buscar a su vecino del 6 M para declararle su amor.
Zafiro es la ciudad que en su interior resguarda los máximos portadores de sueños que hayan existido nunca jamás.

9 comentarios:
Hola Cris!!!
De todo un poco, te digo que el cigarrillo lo vas a dejar cuando vos quieras realmente hacerlo.
Cuando estaba en crisis con mi ex, comencé a fumar, como vos, a escondidas por respeto a mi hija y a él. Intenté dejarlo y no puse mucho empeño, igual un paquete me duraba 5 días aprox. El año pasado, el 15/11, encendí mi último cigarrilo cuando mi hija me dijo: no quiero que te mueras.
Habíamos ido el día anterior a una muestra en su colegio y entre todo lo expuesto, se habló del cigarrillo y sus consecuencias.
Ahí decidí dejarlo. Por mi hija, me dolió su preocupación. Y no lo extraño.
Con respecto a tus cosas, de corazón, suerte!!!
Y los premios son porque sos genial!!!
"Zafiro" me pareció fabuloso. Mientras te leía, caminé por esas calles solitarias, vi las casas iguales, grises, vi a las nocturnas personas deambular.
Me los imaginé deformes, abandonados por no ser perfectos, escondiéndose.
Y esa chica enamorada, tomando coraje en declararlo o no.
Me encantó, y me da curiosidad, quiero saber de donde vienen, por qué, si la chica se animó o no, etc.
Te dejo un beso.
El pucho es un tema jodido, porque en general cuando agarras ese maldito vicio terminas asociandolo a ciertas actividades. Y si, yo tambien tendria que dejarlo!!!
Muy lindo el cuento, ¿cual es su autor?
No puedo dejar de fumar...y ya es demasiado.
Te espero en mi blog, besitos.
Excelente, gracias por el regalo del cuento. Y ojala que algún día dejen de soñar para hacerlos realidad.
Me gustó el cuento.
Sobre el fumar, ¿probaste con el regaliz de palo? Ay qué pena que para dejar de fumar dejases de leer!
Besitos y feliz fin de semana.
Me gustó el cuento.
Sobre el fumar, ¿probaste con el regaliz de palo? Ay qué pena que para dejar de fumar dejases de leer!
Besitos y feliz fin de semana.
Yo estoy intentando dejar de fumar, pero es tan dificil...
Los solitarios tecleos que avistan esperanzas en los corazones de cada individuo, el sentir renovado de cada tarde al caer el sol. La compañía también puede transformarse en ilusión.
adoré esa frase, me gustó mucho :)
seguí escribiendo qe me encanta
i segui leyendo xq es un hábito hermoso, lastima qe lo conectes con las ganas de fumar, pero bueno, eso puede cambiar.
un beso !
Paula: es verdad lo del cigarro, pero me cuesta bastante, mi hijo también odia que fume es más a veces me los rompe. El cuento lo escribí hace unos años cuando iba a un taller de narrativa, tengo varios cortos, pero algún día con tiempo quizás puedan alargarse un poco.
Cintia: sí es jodido, y me jode que lo haya asociado a la lectura. El cuento es mío.
Libélula: allí voy, besos.
Pablo: gracias, los sueños siempre pueden hacerse realidad no?Por lo menos así siempre lo miro y lo siento.
Marhya:En realidad creo que retomé el cigarro porque no puedo estar sin leer.
Liduvina: ni que lo digas !
Caro: En ese cambio estoy trabajando. Besos
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