jueves, 30 de abril de 2009
Siempre a tu lado VIII
Cuan fuerte puede ser un corazón de tan solo nueve años….
Como puede una madre proteger a su hijo para que no sienta tristeza….
Que era lo mejor?
Que Gaby finalmente conociera a su padre, y el futuro de allí en adelante fuera incierto?
Que el padre no se presentara a la audiencia, el presente fuera como hasta ahora, pero el corazón de mi hijo se estrujara al pensar que su padre no lo quería.
Que quería yo?....
Por un lado quería que su papá no fuera, el encontrarme con él, iba a cambiar nuevamente mi vida, esa vida que había reconstruido con mucho trabajo, de la que aún tenía secuelas, sería volver para atrás muchos pasos.
Por el otro, no quería ver a mi hijo sufrir, y pensaba que el calvario de su relación (mejor dicho no relación) con su padre debía terminar, que esa imagen debía materializarse para que luego él supiera cual era el camino que debía seguir.
Gaby se cuidaba mucho de demostrar tristeza frente a mí, su corazón es tan grande que me cuidaba él a mí, no quería que lo viera triste o preocupado.
Por ésa época otro cambio grande sucedió en nuestras vidas, nos mudamos con mi pareja, dejamos la casa de los abuelos (en realidad vivíamos al lado, pero Gaby pasaba todo el día allí).
Otro paso a superar, una nueva realidad que lo tomó con sorpresa, a la que reaccionó con lágrimas, y que acepto sin reparos.
Pronto se adaptó a nuestra nueva casa, nuestra nueva vida, a la presencia semanal de sus hermanastros, y a la diaria de su padrastro (ante mi pregunta de porque usaba ésas palabras –que me hacían pensar en la mala de La Cenicienta- Gaby contestó que era la definición de la relación, me dijo que la había buscado en el diccionario).
Consideré bueno llevarlo a una psicóloga, pensé que era hora de que afrontara su vida, pero sobretodo lo que me preocupaba era que largara todo, que se descargara, las penas debían inundarlo y su afán de protegerme contra todo mal no lo dejaba preocuparse del suyo propio.
Me recomendaron una psicóloga que se especializaba en terapia gestáltica, les dejo un enlace que explica en que se basa éste tipo de terapia http://es.wikipedia.org/wiki/Terapia_Gestalt .
No entiendo mucho de psicología, pero aquella mujer fue fundamental en la vida de mi hijo, lo llevó a desprenderse de miedos, y a luchar por su presente, por su persona y por la persona que va siendo día a día.
Antes de la esperada audiencia tuve otra visita de una asistente social, ahora en mi nueva casa, tuve que transformarla un poco, pues no era conveniente que dijera que estaba viviendo en pareja, o sea que quité fotografías, diferentes objetos que marcaran la presencia de un hombre en la casa y también todos los cepillos de dientes del baño. La visita estuvo bien y el día más esperado estaba por venir.
Como siempre decidí que fuéramos solos, con la abogada a mi lado me sentía segura, y ése momento, el que fuera que debíamos vivir, lo quería hacer de a dos: Gaby y yo.
En el viaje fui repitiéndole a Gaby todas las posibilidades que se podían presentar nuevamente, el solo asentía, y no me dejaba penetrar en sus pensamientos.
Llegamos y nos sentamos, me dijo que si lo veía se lo dijera…..
Nos agarramos las manos.
Mi corazón era un solo latido, mis ojos recorrían el espacio haciendo guardia de lado a lado.
El tiempo iba pasando, nadie aparecía.
Llegó el momento en que el juez llamó a mi pequeño gran hombre, lo sentó frente a él y le preguntó de que cuadro era, cuantos años tenía, y si estaba cómodo allí.
“No me gusta el fútbol pero soy de Peñarol, y de basquetbol de Aguada porque mis tíos son de esos cuadros, pero mi abuelo dice que es de Progreso aunque siempre hincha por Nacional, tengo nueve años pero siempre dicen que parezco de más, y estoy un poco nervioso….”
Ya no era mi bebé, era un niño, un niño gigante, las lágrimas no dejaban de caerme y el pecho de hincharse de orgullo por ese ser que llevé en mi vientre durante nueve meses y en mi corazón por la eternidad.
Las preguntas fueron directas y concisas, las respuestas también.
- No, no conozco a mi padre.
- Mi madre me dijo que estaba de viaje, pero después me contó la verdad.
- Mi padre es una persona enferma y violenta.
- Nunca lo vi ni hable con él.
- Vivo con mi madre
- En la escuela me va bien.
- No sé si quiero verlo, pero creo que algún día lo tendré que conocer.
Salimos del juzgado y nos subimos en el auto. Anduve unas cuadras para aplacar nuestros corazones. Paré el auto en un parque y solo me dedique a abrazarlo, a llorar con él la ausencia de su padre, a acariciar su corazón lastimado por la indiferencia del ser que le dio la vida.
Lo abrace hasta asfixiar su tristeza, le homenajee su valentía de niño-hombre, le conté mi orgullo de madre, le proclame mi amor eterno como siempre, y le prometí mi mano agarrando la suya siempre, pero siempre SIEMPRE
PD. Mañana o pasado va la última parte.
miércoles, 29 de abril de 2009
Pasaron los años VII
Gaby al principio iba y sacaba las fotos varias veces en la semana, las miraba un rato y las volvía a guardar. De pronto se olvidaba de su existencia durante mucho tiempo o a veces venía un poco triste del jardín, pues traía un papelito que decía “Papá y Mamá” y según me confesaba entre lágrimas “mi papá está lejos….”
La excusa de que su padre viviera lejos, la puse a raíz de justificar su ausencia, no podía contar toda la verdad a un niño de tan solo cuatro años.
Pasó el tiempo, el juicio seguía su curso, ninguna de las veces que me presenté a las audiencias el “susodicho concurrió”, pensaba que las cosas iban a ir desencadenándose rápidamente, pues generalmente se dice que si la otra parte no se presenta a la audiencia pierde el juicio. En mi caso no se presentaba, pero cada vez que se vencía el plazo para entregar los papeles justificando su ausencia, los benditos (papeles) llegaban.
De todas maneras que credibilidad puede tener un padre que no se presenta para luchar por su hijo?
Acudí a la audiencia el día que debían declarar los testigos, las preguntas que les hacían eran: Hace cuanto que usted conoce a la Sra.…?, Conoce Ud. Al Sr.……?, Conoce al niño? Sabe que el niño tenga alguna relación con el padre?, sabe si el padre ha pasado algún cumpleaños con su hijo?, sabe si el padre se ha hecho cargo económicamente de la manutención del niño?.....Todas las respuestas eran negativas, el padre nunca tuvo vinculación alguna con el niño desde la última vez que lo vio, aquella noche de abril de 1996…..
La abogada me aseguró que íbamos en el tramo final. Pasaron unos meses y me llamó por TEL, me dijo que fuera a su estudio que tenía que hablar conmigo. Arreglamos día y hora, y mientras estaba en viaje se me ocurrieron muchísimas ideas sobre la charla que íbamos a tener, pero juro que nunca pensé lo que más tarde escuche.
El punto era que hacía algunos meses se había aprobado un nuevo Código de la Niñez y la adolescencia, según el código, el menor era llamado a declarar ante el juez en el caso de la perdida de patria potestad por parte del padre. Hice mil preguntas, sintiendo que era un disparate que mi niño tuviera que enfrentarse a semejante proceso, pero lo que más me preocupaba era que una vez enterado el padre de que en esa audiencia iba a concurrir Gaby, se presentara en ella.
La abogada me dijo que nada había para hacer, me dio la fecha de citación, y con el papel en la mano me fui de su estudio pensando en lo injusta que a veces es la vida.
Gaby ya tenía nueve años, tiempo en que había crecido felizmente dentro de una familia que lo adoraba, tenía sus momentos de melancolía por la ausencia de su padre y en ésos momentos pasaba por otra etapa también difícil: su mamá tenía novio, al que él no quería ni nombrar.
En el transcurso de esos años, mi relato en cuanto a su padre, a la verdadera historia, había ido cambiando…. Gaby ya sabía el pasado de violencia que su mamá había vivido, de a poco había transformado la mentira del viaje en la verdad del pasado y delpresente.” Tu papá estaba enfermo, te quiere mucho, algún día lo vas a conocer, voy a ayudarte a encontrarlo cuando tú quieras, los problemas que hubo entre él y yo nada tienen que ver con vos…”
El día que elegí para contarle lo de la audiencia salimos a pasear en el auto, comencé a hablarle, le dije que no me había parecido importante hablarle de un juicio pues en realidad solo eran papeles, que el fin del juicio era su seguridad, si en algún momento a mi me pasaba algo, el iba a estar con sus abuelos y nadie podría llevárselo, le conté que el juez quería escuchar su opinión sobre todo esto, y después aguantando todas mis lágrimas, le dije que quizás ése día el iba a conocer a su padre.
martes, 28 de abril de 2009
La foto partida (VI)
Después de esa audiencia me sentí mucho más aliviada, pensé que él estaría entretenido con otras cosas, y por fin me iba a dejar tranquila.
Como todo no es color de rosas, nada termino allí, siguieron las contestaciones a los papeles presentados por mi abogada, pedían que me viera otro sicólogo, demandaban daños y perjuicios por no conocer a su hijo, mi abogada (una leona), fue objetando cada papel.
Tuve que juntar algunos testigos, unos del pasado, otros del presente, que constataran que mi hijo no veía al padre y que éste nunca se había aparecido ni preocupado por él.
Es verdad que yo me negué a que lo viera, pero tenía y tengo mis razones para haberlo hecho, creo que quizás las mujeres me puedan entender más que los hombres (las que sean mamás), y que los hombres juzguen mal.
Se que muchísimas veces, los niños se toman como rehenes de situaciones que nada tiene que ver con ellos, sino con el matrimonio en sí. Éste no fue mi caso, sin embargo, mientras iba pensando a quien le podía pedir que me saliera de testigo, me topé con una decepción muy grande, Hable con dos amigas y obviamente me dijeron que sí, luego lo hice con una compañera de trabajo que tampoco tuvo problemas, para lo último deje a un amigo que siempre me fue muy querido, pues en algún momento habíamos hablado del tema y el me había dicho que no había problemas. Cuando llegó el momento lo llamé para pedirle los datos que debía pasarle a la abogada, me dijo que lo tenía que pensar, que todo eso lo ponía nervioso, le contesté que no sabía que era lo que lo ponía nervioso, no le pedía que mintiera en nada. Al final, le dije que dejara que me las iba a arreglar como pudiera. Esto me cayó como un balde de agua fría, pues sabía que todo era obra de su novia, una vez en una charla me había dejado bien claro que ella no estaba de acuerdo con mi proceder… (La quisiera ver ahora que tiene dos hijos y conoce el amor de madre).
Me decepcione, pero no corte esa amistad, éramos amigos desde los 13 años, no daba para enojarme, pero comencé a pensar si realmente estaba bien mi proceder. Cada vez que lo pensaba me asaltaba la gran duda, de: como tomaría mi hijo todo esto?, me reprocharía el haberle negado a su padre?, se daría realmente cuenta de que todo lo hacía por su bien?
Gabriel le decía papá a mi viejo, un día hable con la psicóloga del preescolar donde concurría y le conté la historia, ella me aconsejo que le hablara claro, que le dijera que el abuelo no era su papá, que el tenía un papá que estaba lejos y que le mostrara una foto suya.
Era mejor que no se creara fantasmas.
Me armé de valor y un día llame a mi hijo de 4 años y le comencé a contar que “Gaby, vos sabés que el abuelo, te quiere mucho mucho mucho, pero que no es tu papá, el abuelo es mi papá… vos tenés un papá que no está acá ahora, porque se tuvo que ir a otro país, pero que también te quiere mucho mucho y siempre piensa en vos. Mamá tiene unas fotos de él, vos querés que te las muestre?”
Me dijo que sí, tenía los ojitos húmedos, yo trataba de aguantar mi propio llanto.
Fui a buscar un sobre donde guardaba algunas fotos del día de mi casamiento, las guardaba porque era pruebas de violencia, tenía un ojo con un moretón, estaba maquillado, pero igual se notaba…..
……….“ Estábamos acomodando lo que iba a ser nuestro dormitorio en la casa de mi abuela, y teníamos muchas cosas que terminar…yo estaba inquieta, tenía 8 meses de embarazo, me casaba dentro de 2 días y todavía no tenía el dormitorio terminado…. Vino mi tío (que vivía también allí) y le pedí que me ayudara a colocar unas luces, cuando estábamos colocándolas, llego él, ya no recuerdo de donde. Cuando termino mi tío se fue, y él enloqueció, apuntó directo a mi rostro.
Tuvimos que irnos a pasar la noche a un hotel, porque mis padres iban a venir a ayudarnos a terminar todo, y no podían verme así. Cuando llegamos al hotel yo no tenía mucho dinero, y mi tarjeta de crédito estaba toda arrugada (él me la había tratado de partir, porque yo “era rica”) (era una extensión de la de mi madre), pusimos unas cuantas excusas y finalmente la aceptaron en un hotel de la calle Uruguay, subimos a la habitación y enseguida pidió hielo, mi ojo estaba sumamente hinchado. Fue la única vez que después de golpearme me pidió disculpas, pero me aclaró que yo tenía toda la culpa.”
Le mostré esas fotos a Gaby que las miro con curiosidad, atención y una seriedad admirable para su corta edad, después las guardé en un sobre, y lo puse dentro de una caja diciéndole
- Mamá deja las fotos acá, cuando vos quieras verlas, venís y las agarrás ta?
- Si Mami – y se fue a jugar.
Al otro día en la tardecita fue a la caja y agarró las fotos, me trajo el sobre y empezó a sacarlas, tomo una y la arrugó, tomo la siguiente he hizo lo mismo, yo no sabia que hacer, le pregunté porque hacía eso y no me contestó.
- Vos no querés que mamá y papá estén en la foto juntos?- le dije
- No, no quiero que estén juntos- me dijo
- Bueno no las rompas, que algo vamos a hacer- dije y le saque el sobre y las fotos arrugadas.
Fui al aparador y busque la tijera, la traje y le recorte las fotos, su mamá por un lado, su papá por otro, el sonrió, guardo las fotos de nuevo en el sobre y las puso cuidadosamente en la caja.
Que sabios son los niños!!
PD mi hijo fue siempre un niño feliz, ahora es un adolescente despreocupado y tierno, seguro va a ser un hombre de diez, simplemente porque tiene un gran corazón, y a pesar de su corta edad es muy sabio.
lunes, 27 de abril de 2009
Tiempo de Juzgdos (V)
Paso un tiempo y un día recibí un papel de un juzgado, una citación que decía debía comparecer tal día a tal hora por el juicio que me empezaba el Sr.……… por negarle la visita a su hijo.
Mi madre mediante una compañera de trabajo me puso en contacto con una abogada, fui a verla y le conté toda la historia. Me enojé un poco con las preguntas de ésta señora, o mejor dicho por las acotaciones que hacía a mis respuestas, me daban a pensar que ella no me creía.
Rápidamente mi abogada contestó la citación diciendo que estaba fuera de lugar pues no le correspondía hacerla en ése juzgado etc., etc. Allí fue cuando decidí hacerle yo un juicio a él. La abogada me dijo que tramitara la pérdida de Patria Potestad, que quiere decir sacarle todos los derechos al padre sobre el niño (menos el apellido), me dijo que era difícil pero no imposible, que ella creía se podía hacer. No recuerdo fechas pero haciendo cuentas creo que fue por el año 2000, comencé a hacerlo, junté las pocas pruebas que tenía.
Su historia clínica en donde constaba que una vez había tratado de suicidarse, fotos de nuestro casamiento (en donde se me veía un ojo morado), constancias de pagos de cosas de mi hijo, jardín de infantes, sociedad médica, y algunas constancias de la comisaría en donde relataba diferentes episodios que habíamos vivido.
Paradójicamente, estando de novios, yo un día había madrugado para hacerle la cola a él para conseguir un puesto de trabajo en una institución pública, el caso es que pasados esos años el lo consiguió, entonces mediante eso, comenzó él a hacerse cargo de la cobertura médica de mi hijo. La abogada me dijo que yo no me podía negar, y formaba esto parte de sus “pruebas”, de que él se había encargado económicamente de su hijo. Recuerdo que pasé toda la tarde en la parte administrativa de socios de esa mutualista reclamándoles una carta donde dijera que de tal fecha a tal fecha el recibo de pago de la cobertura mutual había ido a X dirección (mi casa), me la negaban, hasta que dí con una empleada que después de llorarle un rato me dijo que ella me la hacía pero que era ilegal ¿?.
Presenté todo eso, y debo decirles que pasé de todo durante los 7 años que duró el juicio, tuve que hacerme una pericia siquiátrica, porque el decía que yo estaba loca, recibí miles de veces en mi casa a una asistente social, tuve que bancar cada inventos que el ponía en las contestaciones a mis demandas…. Ej. En una estaba escrito lo siguiente….” La Sra.…… no quiere recibir mi dinero y no quiere verme por lo que yo todos los meses me dirijo a su lugar habitual de trabajo que es un supermercado y dejo dinero en las góndolas….” Pueden creer eso? Que abogado en sus cabales lo escribiría y presentaría como prueba?.
Cuando llegó la primera audiencia casi me muero, no quería verlo, pero sabía que era inevitable, la abogada me acompañó en todo momento, no quise que nadie de mi familia lo hiciera, esto lo tenía que acabar yo solita.
Estábamos sentadas esperando que nos llamaran para entrar a la sala, y de pronto vino un hombre y me pregunto: Usted es la Sra. Cristina xxxx?
- Sí- contesté
- La esposa de el señor Gabriel xxx- dijo
- Sí, estamos separados hace años- le respondí
- Soy el abogado de la defensoría del Sr Gabriel xxx- se presentó
- Y dígame Sra., el Señor Gabriel se encuentra aquí?- me preguntó
Yo lo miré incrédula, no entendía nada.
- No, no está aquí- le contesté
Mi abogada se levantó y fue a hablar con el a solas, entramos a la sala tuve la audiencia con el juez y el Sr. Gabriel xxxx nunca apareció.
Ni su abogado le conocía la cara. Ninguna de sus mil caras.
PD Hoy en día he forjado una amistad con la abogada y pasado el momento de la rabia de que siempre, hasta la última vez que fuimos a una audiencia me preguntara si de verdad yo no seguía enamorada de él, me decía que quizás yo lo veía y se me caían las bombachas (sí así nomas lo decía). Le explique mil veces que todo, absolutamente todo lo que le había contado era cierto, ella me dijo que a veces se topa con mujeres que mienten por despechadas. Hay de todo en la viña del señor.
sábado, 25 de abril de 2009
Continuación (IV)
Luego de eso tuve otro tiempo de encierro. Mi papá me llevaba a trabajar en el auto, me iba a buscar también.
Empecé terapia, me sirvió para sacar todos los horrores que viví y poder contárselos a alguien, a un extraño que no me juzgara, pero no para perder el miedo.
También fui a ver a un abogado, que me aconsejo dejar las cosas así por ahora, me dijo que no me divorciara porque sino se iba a tramitar la tenencia, me dijo que si empezaba a tramitar la tenencia él iba a tener que verlo, que como yo nunca le había hecho una denuncia por violencia doméstica probarlo iba a ser muy duro.
Quise retomar mis estudios, fui al centro donde estudiaba y como no estaba en la lista me volví para mi casa, a la tarde me llamó una amiga – compañera de allí- y me contó que mi ex había estado todo el día en el local de estudios, que había abierto las puertas de todas las clases, que me buscó como loco todo el día, dice que cuando ella salió para irse el aún estaba allí sentado esperándome. No me animé a ir más allí, mis estudios debían esperar.
Un día cuando estaba preparándome para salir del trabajo, vino una compañera que era guardia de seguridad y me dijo: tu ex está en la vereda de enfrente-
Cuando llegó mi padre ella se lo dijo, mi viejo estacionó el auto bien enfrente de la puerta (dos metros de separación), mi compañera la guardia le había ido a hablar, a decirle que no armara lío. Él había cruzado para la acera del local donde yo trabajaba, estaba a unos diez metros de la puerta, esperé a que mi viejo estacionara el auto, mi padre abrió la puerta por donde yo debía entrar y me espero allí parado, esos dos metros eran lo que debía de recorrer.
Empecé a caminar con la cabeza gacha y un golpe me tiró al piso, otros golpes le siguieron mientras mi padre lo sacaba de encima mío y le empezaba a pegar, salió otra persona del local, los separaron, mi padre se subió al auto, yo ya lo había hecho y nos fuimos.
Tampoco quise hacer la denuncia en ese momento.
Al tiempo, antes de que mi hijo cumpliera el año nos mudamos, También cambié de trabajo para otro local de la misma empresa más cerca de donde vivía ahora. Él conocía la casa para donde me había mudado, pues era una casa a las afueras de la ciudad que mis padres tenían hace años. La vida allí fue más apacible, más tranquila, pero mis miedos no se iban del todo.
Después de mudarme dejé la terapia, no sentía que me aportara nada, no sentía que la psicóloga le hubiera dado en la tecla para sacar mis miedos, decidí que hasta allí había llegado con ella.
Tuve otros encuentros con éste sujeto, todos ellos los denuncié. En el ínterin el llamó varias veces a mi casa, me decía cosas y cortaba, una vez me llamo una muchacha diciendo que era su novia, y que yo era muy mala persona por negarle a su hijo. Le dije que si era su novia tuviera cuidado, él era un hombre violento, y ella no tardaría en averiguarlo.
De pronto ni siquiera el teléfono podía atender. Un día llamó y atendió uno de mis hermanos, le dijo lo siguiente: Decile a tu hermana que tuve otro hijo, que nació hace una hora, decile que por culpa de ella no le voy a poder dar mi apellido, porque todavía estamos casados.
Mi hermano colgó sin decir nada y luego me lo contó.
Un día (Gaby tenía dos o tres años) iba en el auto con mi hijo, estaba como a tres cuadras de mi casa, esperando para doblar la calle y el se bajo de un ómnibus justo delante de mí, me vio y se paró delante del auto, comenzó a gritar de todo, yo daba marcha atrás, el iba para atrás, me golpeaba los vidrios, Gaby lloraba y me preguntaba: Quien es mami?, Quien es ese señor?. Estuvimos así como 5 minutos.
Apareció un vecino que sabía algo de la historia porque era conocido de mis padres, le empezó a gritar y el retrocedió, yo fui para mi trabajo (no quería ir a mi casa porque seguro el iba hacia allí), subí a la oficina y me quedé unas horas, hasta que mi padre me vino a buscar. Años después supe que uno de mis hermanos (el más chico) (enterado por el vecino), lo busco y esperó a que se tomara el ómnibus. Al rato llegó mi otro hermano se subieron al auto de mi padre y se fueron los dos a perseguir el ómnibus, según mi hermano más chico, el más grande subió al ómnibus, lo agarró del brazo y lo hizo bajar a las fuerzas, dice mi hermano que le dieron la paliza de su vida. En realidad ninguno de los dos nunca me lo contó, un día a alguien se le escapó y así fue como me enteré.
Por suerte esa fue la última vez que lo vi, más no lo último que supe de él.
PD No sé porque mis hermanos nunca me lo contaron, todos en mi familia me veían perturbada, trabajaba todo el día y solo me dedicaba a mi hijo, poco a poco iba saliendo…
viernes, 24 de abril de 2009
Sigue la historia... (III)
Empecé a caminar derechito como él me lo ordenaba, lloraba y apretaba a mi bebé junto a mi pecho, hacía frío ya eran como las tres de la mañana.
Entonces le dije: Pero vos recién cuando estábamos apoyados contra el muro me prometiste cosas, me las prometiste hoy todo el día, me dijiste que ibas a cambiar, como querés que te crea, mirá todo lo que hiciste – dije ahogándome en mi llanto.
El milagro sucedió y el me dijo: Tenés razón, vamos a que te tomes un taxi-
Dimos la vuelta, y la alegría no cabía en mí. Había terminado, por fin….
Cuando llegamos nuevamente a la parada de taxis, le dije que el tenía que hacer bien las cosas para que nosotros pudiéramos volver, y que así me estaba dando un buen ejemplo.
Entonces me miro con odio, me pidió que le diera al bebé.
- No, ya me voy – dije inocentemente
- No, no te vas- respondió
- Si, vos lo prometiste – insistí
- Te dije que vos te ibas, pero Gaby se queda conmigo – dijo
- No, el tiene que estar conmigo – dije
- No, el siempre está contigo, todas las noches está contigo, duerme contigo, hoy se queda conmigo.
- No, pero pensá que no tiene ropa (la había tirado toda), no tiene nada.- dije yo
- No importa me las voy a arreglar, vos andá y mañana me llamás y lo venía a buscar – respondió
- Por favor no me hagas esto- le dije
- Ya está decidido- me dijo.
- Bueno, entonces dejame que los acompañe hasta tu casa, así me quedo tranquila, después vuelvo y me tomo un taxi- dije
No piensen que lo iba a dejar así, dentro de mi mente me dibuje rápidamente los pasos que iba a seguir, primero lo acompañaría a su casa, lo dejaría con el bebé, después iría a una comisaría haría la denuncia y vendría a buscarlo con la policía.
Empezamos a caminar nuevamente hacia la calle Ramallo, el había suavizado su tono he iba diciéndome explicaciones de porque el niño debería quedarse a dormir con él. Entonces me paré, lo miré y le dije:
- Gabriel (sí, se llama igual que mi hijo), mirá yo estuve pensando ahora y creo que tenemos que darnos otra oportunidad, todo ha sido muy difícil y sé que para vos es difícil, quiero que empecemos de nuevo, ahora tenemos a éste tesorito y las cosas van a ir mejor-
Ahora- proseguí- dejá que me vaya con Gaby (junior) para la casa de mis viejos, mañana mismo empiezo a mudar todo para “nuestra” casa. (Con él cuando nos casamos vivíamos en la casa de mi abuela (ya fallecida) la mamá de mi madre). Mudo todo y después te vengo a buscar, vamos a vacunar al gordo juntos al Pereira (tenía que ser allí, allí había sido vacunado él) y luego nos regresamos para nuestra casa y empezamos de nuevo desde cero. Que te parece? Aceptas?, Yo aún te amo- dije.
Su rostro se transformo en sonrisas, me abrazo largo y me dijo: Sii!!!
Alargo el brazo, y paró un taxi, nos dimos un beso de a tres, y me subí, le hice adiós con mi mano y la manita de mi bebé, le hice adiós hasta que se hizo chiquito por la distancia.
Me dí vuelta, me acomodé en el asiento, lloré mucho, abrace a mi hijo y le susurre al oído:
- Esta fue la última vez vimos a tu papá.
PD No sabía cuanto había de pesarme hasta hoy en día esa decisión, la culpa con la que cargo por haberle negado a mi hijo su padre, como me juzgan algunas personas por ello.
No tuve otra elección, el bienestar emocional de mi hijo estaba primero.
jueves, 23 de abril de 2009
Algo de mí (II)
La buena de la tía me invito a cenar, a esas alturas yo ya no sabía como escapar de allí, quería irme claro, pero tampoco quería quedarme a solas con él. Si estaba con su tía nada podía sucederme, por lo que accedí a la invitación y me quedé a cenar.
Luego de cenar (para eso ya eran más de las 23 hs, no se) no recuerdo que sucedió, sé que el último ómnibus que tenía desde esa zona para mi casa ya había pasado. O sea que la única posibilidad era irme en taxi. Por suerte la tía sacó el tema y me dijo,- ahora tenés que tomarte un taxi Cristina, si querés te llamo uno por TEL-. Él no dejo que terminara de hablar y le dijo que íbamos a ir a unas dos cuadras de allí, a una parada de taxis y me lo iba a tomar en ese lugar.
Mi cara se transformó, no quería de nuevo estar a solas con él, pero tuve que acceder, le tenía tanto miedo, mi hijo ya no estaba en mi vientre, no podía defenderlo con mi cuerpo, tenía miedo que toda la locura que tenía su padre le hiciera daño.
Salimos a la calle, hacía un poco de frío pero no tanto, Gaby iba en mis brazos envuelto en una manta, la paz que me transmitía su cuerpo, su olor, tocarlo, esa paz es hoy mi consuelo, por esa paz volvería a vivir lo pasado.
Caminamos hacia la parada, yo rezaba porque nada retrasara mi viaje de vuelta ya más de 12 horas después, a mi hogar, imaginaba como estarían mis viejos (en esa época no había celulares), no sabían nada de mí más que mi promesa de regresar a eso de las tres de la tarde, todo eso rondaba mi cabeza cuando casi casi a unos metros de llegar a la parada de taxis, me pidió que me quedara un rato a conversar para arreglar las cosas. Me recosté a un muro, apoyé el bolso y la mochila en el piso y lo miré resignada esperando que comenzara a repetir lo mismo de siempre.
Lo que hablamos no sé, yo le seguía la corriente, y trataba de que me entendiera, de que supiera que no quería saber nada de él, que ya no lo quería, todo con sumas sutilezas.
De pronto tomo al bebé entre sus brazos, y le hacía mimos, todo eso me hacia llorar desconsoladamente, lo miraba a él y a nuestro hijo, pensaba en todo lo que me había ocurrido en el último año, en la familia feliz que siempre había soñado, en como había fracasado, en como me había metido en esa historia, en donde estaba ahora. Ya no era solo yo, la vida de mi hijo también era la mía.
Lo acurrucaba y le daba besitos, entonces le abrió la mantita y me preguntó:
- De donde sacaste la ropa que tiene puesta?
- Ese conjuntito se lo regaló una pareja amiga de mis viejos- dije tratando de que sonara normal.
- No me gusta – ya estaba furioso
- Quienes son esos amigos?
- Unos que viven cerca de la casa de afuera, siempre salen a caminar juntos- dije
- No quiero que use esto!- grito
Y comenzó a arrancarle la ropa, me dijo que lo iba a cambiar y que le iba a poner el otro conjunto que estaba en el bolso. Traté de detenerlo, pero todo lo que hiciera era en vano, le dije que no podía desvestir a un bebé de tres meses en medio de la noche en la calle, que se iba a enfermar, pero el estaba ciego de furia. (Según él, como él había sido un niño pobre, nuestro hijo no podía usar ropa nueva, por suerte mis primas me habían dado ropa de sus hijos, si lo vestía con ropa usada el padre estaba conforme)
Cuando terminó de desvestirlo y le puso otra ropa que había en el bolso, me pasó al bebé. Tomo con una mano el conjuntito y sosteniéndolo como si largara olor (con la punta de los dedos) lo estiro en el aire, saco de su bolsillo un encendedor y comenzó a prenderlo fuego. Yo lloraba, no sabía que más iba a pasar.
Después me dijo que me iba a parar un taxi, respiré aliviada esperando el final. Nos acercamos al cordón de la vereda y el bebé lloraba, le pedí que sacara el chupete del bolso, y él me lo pasó, ya habían pasado varios taxis libres pero me prohibía que los parara. Parado al borde de la calle comenzó a sacar las cosas del bolso, las examinaba, me las mostraba y me decía esto lo tenés que tirar y lo tiraba, tiro pañales, tiro mediecitas, saco el tarrito de toallitas de lanolina y las tiro una por una, me dijo que a el no le limpiaban el culo con eso, que era cosa de ricos, decía que yo era rica, pero que su hijo no iba a limpiarse el culo con cosa de ricos.
Yo no era rica, ni nada parecido, tenía 19 años, trabajaba desde los 15 o 16 en un supermercado (sigo trabajando allí), estudiaba para ser ayudante de arquitecto, mi padre era comerciante, mi madre era profesora, vivíamos bien, pero estábamos muy lejos de ser ricos. Una cosa es tener dinero porque uno se lo gana, y otra muy distinta es ser rico.
Para él, la diferencia era enorme, él no trabajaba, por lo tanto no tenía dinero para nada, eso le hacía rabiar contra mí y mi supuesta “riqueza”.
Vino un hombre que estaba en la parada de taxis, se acerco a nosotros y le dijo- Flaco, parála, te estás pasando, hace rato que te estás pasando.
No te metas- le dijo
Me tomó del brazo y empezó a caminar, me apretaba fuerte y me decía: Camina, camina, camina…- seguía repitiéndolo. Yo caminaba.
- Sabés cuantas veces caminé desde acá hasta tu casa porque no tenía un peso para el boleto?- me preguntó lleno de resentimientos.
- Caminaba porque tenía que verte, pararme frente a tu casa y ver que hacías, nunca salías, o andás con alguien? –decía
- Y también volvía caminando- terminaba.
- Ahora vas a saber lo que es caminar más de doscientas cuadras, ahora lo vas a saber, vamos a ir caminando hasta tu casa- sentencio.
PD1 Sé porque yo misma me lo preguntaba antes de tener ésta experiencia, que muchos se preguntarán porque las mujeres aguantan eso, porque no gritaba, porque no iba y me aferraba a ese hombre que decidió intervenir, porque no hacía algo. No tenía fuerzas, lo único que me rodeaba era el miedo. Las experiencias espantosas que viví junto a éste individuo son muchísimas, sin embargo seguía parada, manteniendo el equilibrio, pero parada al fin. La violencia constante, las amenazas eternas, los golpes, las torturas sicológicas, eso te hace pedazos, te recorta en pedacitos, se lleva tu mente, se lleva tu alma, te despoja de razón, no te queda autoestima alguna , pensas que realmente sos culpable, te va dejando en la nada. Nada haces y niegas todo. Pero yo ya había dado un gran paso, lo había dejado, había abandonado nuestro hogar. Ahora necesitaba saber como hacer para que esa noche se terminara.
PD2 Voy a seguir contando mi historia, pues cuando me puse a escribir no pude parar, escribí y escribí hasta llegar al final. Durante el proceso no se me cayó ni una lágrima, me dí cuenta de que hace tiempo debería haberme sentado a hacerlo y que cada vez soy más fuerte. Sepan disculparme por ello, pero ésta es mi historia.





