
Mañana mi niño cumple 13 años, y a pesar de que no sabe de mi blog, quisiera escribirle unas cuantas cosas que siempre que las digo me pasa la mano por la cabeza y me dice muy tranquilamente con esa voz que no se sabe si es de él o de un gallo : "Mamá, estás bien vos, tomaste las pastillitas ?"
Cuando me enteré que estaba embarazada, es decir cuando una de mis mejores amigas me hizo caer en la cuenta de ello y como quien dice me obligo a hacerme un test, tenía 18 años, estaba en una etapa de rebeldía total, peleada con el mundo y enamoradísima de su padre. El día que le mostré a el test, sentados en el bando de una plaza, me dijo que se iba a hacer cargo, que podía decidir lo que quisiera, si quería tenerlo o no él me iba a apoyar. Mi mayor miedo eran mis viejos, su única hija, la hija sumisa, obediente, trabajadora, estudiosa... les había fallado. Por eso decidí que no lo iba a tener, creo que esa decisión me duro 3 días en los que me maté a té de perejil, agua de rocío con ruda macho o hembra ya no me acuerdo etc, etc. Pasaba todo el día llorando desconsolada, y tomé la decisión de afrontar todo y no determinar si iba atener un hijo o no por decepcionar a mis viejos, lo que tenía en mi vientre valía más que cualquier disgusto. Cuando se lo dijimos a mi vieja casi se muere y no podía creer que yo no fuera virgen (imaginen), armó todo un teatro para contárselo a mi padre y yo me trasladé para la casa de una tía, pensando que mi viejo no iba querer verme más la cara, mi querido padre dijo que volviera para casa, que no me iba a echar (aunque no me hablo por muhcotiempo). Ahí empezó una seguidilla de amigos de mis padres que me llamaban para hablarme y querer convencerme de que abortara, de que no iba a tener futuro con un hijo etc, etc, mi vieja quería que abortara, y mi viejo solo asentía. Les dije que no, no, y no, que si les daba vergüenza me iba, que no había problema ni rencores, pero éste hijo fuera como fuera lo iba a tener. Al verme tan decidida asintieron y mi viejo dijo que nos casáramos, dijimos que sí y comenzó la odisea. No voy a contarla, pues no podría expresarla con palabras, nada lo podría hacer, además éste post está dedicado a él. Por él aguanté todo, y seguí adelante siempre, pensando que lo mejor iba a ser darle una familia, un padre, y una madre juntos que miraran por su bienestar... quien no quiere criar a un niño dentro de una familia normal?. Siempre le hablaba a la panza, pues era mi única compañía y a pesar de la soledad y la tristeza en la que vivía inmersa continua y cotidianamente, no tenía miedos, solo esperanzas, de salir adelante, de que todo iba a cambiar. Esperanzas de vida. Cuando nació lo hizo muy rápido, y luego de que estuvo en mi pecho nunca más lo solté. Cuando volví a mi casa, lo hice más valiente que nunca, cuando a los dos días comenzaron nuevamente los golpes me toque la panza, ya no estaba. Mi hijo lloraba en el cochecito, se ahogaba en el llanto como lo hacía yo cada vez que comenzaba la violencia, ya no podía protegerlo con mi cuerpo, el cordón ya no existía. Esperé a que el verdugo se fuera, agarré el teléfono y llame a mi superman: - Papá veni a buscarme, ahora ! ya ! no quiero vivir más acá... te necesito.
En cinco minutos puse ropa en unas bolsas, mi padre tocó la puerta y me llevo a mi antiguo hogar, junto a mi hijo de 3 días.
Hoy hace 13 años de todo eso. Mi hijo es todo lo que tengo, a veces lo miro, lo veo actuar, lo escucho, y el pecho se me inunda de orgullo. Estoy tan orgullosa de todo lo que es, de como es, de como piensa, y de todo lo que ha pasado y superado hasta éstos momentos de su vida. Su lealtad hacia mi es taaaaan enooorme que sinceramente muchas veces me sorprende, los lazos que nos unen son como siempre le dije desde chiquito y el repetía: Mami, desde tu corazón a mi corazón hay una cuerda tan tan larga que estemos donde estemos nunca se va a cortar.
El amor de madre no se puede describir, lo que nos cambia la vida un hijo tampoco. No importa todo lo que pasó. Si los tés hubieran funcionado, no conocería lo que es realmente el amor, ése amor que me inunda y me llena de lágrimas los ojos cada vez que lo miro a él y me hincho de orgullo. Orgullo de madre.
Te amo Gaby, siempre.





